Marina, Silvana y Pablo Costantino nacen con poco menos de un año de diferencia, en 1963, 1964 y 1965 respectivamente. Mamá Teresa Comissoli, llegada a los ocho años de Europa, se casa con papá Nicolás a los veinte años siendo veinte años más joven que él. Las culturas de Italia del Norte y del Sur se conjugan en esta familia rosarina. “¡Vi ascolto!”, reprende furiosa mama Teresa cuando escucha a los hermanitos hablar una lengua no permitida, el español.
Papá Nicolás proviene de la región de Abruzzo, es huérfano y tiene una infancia de privaciones que dificulta su educación que –paradójicamente– culmina con un título de médico cirujano especializado en ginecología. Entre cirugía y cirugía, Nicolás toca el bandoneón con sus amigos, defiende la vieja guardia y habla pestes de Astor Piazzola.
Los Comissoli son originarios del norte, de Piacenza. Figura patriarcal, Marino, el abuelo materno, representa la otra cara de Italia: refinado, de impecable traje, bastón y sombrero deja una estela de perfume a su paso. Capitán de aviación de la fuerza aérea italiana es derribado tres veces en acción. En cierta ocasión cae en el desierto africano y es salvado por una tribu nómada –mucho después Nicola consideraría paralelos con la vida del artista alemán Joseph Beuys–. Después de la guerra, Marino llega a Rosario y trabaja en una fábrica de jabón. Es el mejor operario, el más inteligente, el protegido, a tal punto que el patrón, que no tenía herederos, testa a su favor. Convierte la pequeña fábrica en la más grande de Sudamérica. Los diarios italianos se refieren a él como “il colosso sudamericano del sapone”, los jabones Kop son superiores. Mente inquieta, que su nieta hereda, trae al país las primeras máquinas de “esfera hueca”, una tecnología que permite hacer jabón en polvo. El camino del éxito parece irrefrenable hasta que ciertos sindicatos comienzan a boicotear la entrega del sebo. Sin materia prima, su industria quiebra.
Mamá Teresa trabaja en la fábrica hasta la debacle, luego se dedica a la costura con mentalidad empresarial y abre la boutique “Maria Meriggi” –invocando el nombre de la abuela de Nicola– negocio que funciona un tiempo en Rosario y perdura en Santiago de Chile.